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Little Princes

Los días grises
Los días grises

Una semana sin publicar nada. Una semana que no ha sido blanca como las de carnavales, sino más bien gris por diversos motivos.

Una semana complicada donde las circunstancias que le rodean a uno se le abalanzan como leones en la pista de un circo.

Le hacen pensar con mayor ímpetu sobre muchas cosas que andaba rumiando durante y después del viaje, ese que estoy compartiendo en este blog, y reflexionar sobre qué es lo verdaderamente importante y cómo quieres vivir.

Tenía pendiente un artículo que encaja con esas cuestiones y que retomo ahora. “Little princes“, una historia real y un guiño al principito de Saint-Exupery.

Y no, no está mal escrito el título ni es que mi inglés haya empeorado. Así se llama el libro que Mónica, otra de las voluntarias en Ear Care Nepal, me recomendó antes de que ella regresara a Alemania. (Danke sen Mónica).

LittlePrinces cover
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El libro cuenta en primera persona la historia de Connor Grennan, que hace 12 años decidió tomarse un respiro en su carrera profesional, y dedicarse a viajar durante un tiempo, dentro del cual tuvo la oportunidad de ser voluntario en un orfanato de Nepal, en plena guerra civil.

Esa experiencia, sin esperarlo, le marcó profundamente y le empujó a regresar allí de nuevo un año después, cumpliendo una promesa, y a acabar creando su propia ONG (Next Generation Nepal), lanzándose en una misión para encontrar a los padres de aquellos niños.

Aquellos niños que supuestamente eran huérfanos pero que realmente habían sido prácticamente arrancados de sus familias en regiones rurales como Humla, engañando a sus padres por la presión del ejercito mahoista, y de los que se había acabado abusando en Kathmandú en muchos casos, obligándolos a trabajar y pedir por las calles.

En aquellos años eran tiempos convulsos marcados por la guerra civil y una monarquía dando sus últimos coletazos. Aún hoy en día sin embargo siguen ocurriendo casos similares como comentaba en el artículo sobre Mission Himalaya.

Little Princes Children Home” era el nombre del orfanato donde Connor conoció y donde se encariñó de aquellos primeros 7 (no) huérfanos, de los que después vendrían muchos más. Y el nombre del orfanato, creado por una cooperante francesa, era un homenaje al clásico literario.

Curiosamente, cuando todavía nos encontrábamos en Kathmandú, me topé con un cartel enorme anunciando la adaptación animada del cuento.

Promoción del estreno de "El principito" en Patan, Kathmandú
Promoción de la adaptación de “El principito” en Patan, Kathmandú

Tal y como Mónica me adelantó, el libro de Connor relata en primera persona la experiencia de un occidental como voluntario en Nepal.

Personalmente, me quedo lejos de la experiencia, el valor y compromiso que demostró Connor pero sí es cierto que te ves reflejado, desde la distancia, en sus reacciones ante el contraste cultural.

No sólo cuando te habla por primera vez de detalles como la comida y el omnipresente Dal bhat, o el ajetreo de Thamel, sino de la intrincada red en que consiste la burocracia que en aquella época de guerra civil era mucho más compleja si cabe.

Lo que se respira en su relato es esa franqueza de la gente, la resiliencia ante las adversidades, y ese algo que tiene el país que te atrapa pese a las adversidades e incomodidades.

Lo que consigue transmitir es la capacidad de compromiso que podemos adquirir todos y cada uno de nosotros (ya sea aquí como a 10.000kms de distancia). Consigue transmitir que la felicidad se mide con baremos que no se incluyen en apartados del PIB.

Y consigue transmitir el enorme impacto positivo que puedes generar en la vida de otras personas. En su caso, 7 concretas que después, como una bola de nieve, se convierten en muchísimas más.

Connor, Liz and the kids
Connor, Liz and the kids (imagen obtenida de la web de Next Generation Nepal)

Y algo tan sencillo como comprar el libro y empaparte de esa historia, no sólo te proporciona todo eso sino que además te da la oportunidad de colaborar, aunque sea mínimamente, en que ese proyecto continúe adelante.

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