Stairway to Heaven

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Cada mañana procurábamos levantarnos muy temprano, como a las 5.30am, cuando todavía estaban asfaltando las calles, para poder salir a hacer ejercicio y meditar antes de comenzar las actividades en Ear Care Nepal.

Salir a correr a esas horas da mucho más juego de lo que parece a primera vista aunque no te encuentres con muchos transeúntes, sobre todo porque casi te ves obligado a llevar una linterna para distinguir el suelo o lo que puedes encontrarte a pocos pasos de distancia.

El caso es que no la llevábamos nunca y eso nos trajo un par de buenas anécdotas. Imaginaros ir corriendo a esas horas, intentando poner los ojos como dos luceros, girar una esquina cuando todavía es de noche y toparte con unas enormes patas que según subes la mirada acaban en un elefante de ¿cuanto? ¿3 metros de altura? y no saber si aún estás dormido en la cama o qué está pasando.

Y cuando no encontrabas elefantes te topabas de bruces (literalmente uno de los días nos caímos) con badenes en medio de la calle que no se los salta ni Daredevil.

Además del ejercicio matutino, también reservábamos cierto tiempo para mantener los ejercicios de meditación. Tras el curso de Vipassana, una vez vuelves a la “rutina” exterior resulta más complicado mantener tanto el hábito como los resultados, la concentración.

Sin embargo, sigue siendo un ejercicio muy útil y unos días o bien realizabas el ejercicio antes de salir a correr y a oscuras en la habitación o bien a la vuelta, tras pegarte una ducha, que ya podías subirte a la terraza de la casa por unas escaleras de caracol que daban acceso a unas vistas geniales.

¿a donde van esas escaleras? hacía arriba
¿a donde van esas escaleras? hacía arriba

Con un sol que ya iluminaba todo el paisaje , las montañas a lo lejos,  los irregulares tejados que casi parecen piezas de tetris caídas del cielo una sobre otra, y un azul radiante que se peleaba con la constante contaminación.

Incluso podías divisar algún mono saltando entre los árboles sobre el zoo, muy cerca de la casa (se nos llegó a colar uno dentro en una ocasión, ¡hay video!) mientras oías bostezar al señor Tigre.

Viendo las fotos ahora, el recuerdo es el del tacto del calor del sol en la piel, ver el brillo y contraste de colores, oír el lento comienzo del barullo del tráfico mientras aún respirabas tranquilidad.

Simplemente cerrar los ojos y pararte unos minutos para dedicarle un rato a tus sentidos y sentirte vivo.

Esos momentos daban mucha paz y era una manera genial de empezar el día.

Good morning Patan!
Good morning Patan!

 

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