Vipassana conceptos

Vipassana o ver las cosas tal como son

Vipassana conceptos
Vipassana conceptos

Vipassana significa ver las cosas tal como son. Es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India, remontándose a más de 2.500 años.

Proviene de las enseñanzas de Budha, pero realmente es ajena a cualquier creencia o religión y puede ser practicada por cualquier persona.

La técnica se estructura como método en la respiración y observación y como objetivo en la autoconciencia y en poder abstraerse de los instintos o impulsos de uno mismo.

El curso de iniciación consta de 10 días en los que tienes que despojarte de prácticamente todas tus pertenencias (nada de libros, diarios, música, sólo ropa cómoda), cortar toda comunicación con el mundo exterior (ni móviles ni internet ni llamadas) y minimizar los impulsos e influencia de todo lo que te rodea.

Para ello, durante esos 10 días no puedes hablar con nadie, ni siquiera por gestos (únicamente con los tutores y maestros en caso de necesidad o urgencia), no puedes salir del recinto en el que se celebra el curso, duermes en las instalaciones que te faciliten, hay segregación por género, sólo puedes comer aquello que se te ofrece y debes seguir una agenda muy estricta de actividades diarias entre las que sobresale las sesiones de meditación que pueden llegar a suponer más de 10 horas al día.

Vipassana cursos
Vipassana cursos

Cada mañana comienza con un gong que te despierta a las 4.00am. Tienes media hora para desperezarte, asearte y prepararte para la primera sesión de meditación del día, a las 4.30am, que dura 2 horas. Generalmente las sesiones de meditación se realizan en grupo y en la sala común, en presencia del maestro o maestros.

A las 6.30am suena de nuevo el gong para avisar de que ha finalizado la sesión y es la hora del desayuno. Aquí llega otro de los momentos que te chocan la primera vez y es que en el comedor todos los estudiantes comen con la vista fijada a la pared, en la que vas a encontrar únicamente un círculo con el número y letra que se te ha asignado, ni siquiera tu nombre.

¿Qué se busca con todo esto? minimizar al máximo el ego, dándote herramientas, una rutina y un entorno que te permitan distanciarte de ti mismo para poder observarte en profundidad y acallar el ruido de tu mente, algo que está presente continuamente en nuestras vidas diarias pero de lo que no nos damos cuenta al estar “ocupados” con diferentes tareas.

Después del desayuno y un breve descanso se vuelve a la meditación.

A lo largo del día se van alternando los tiempos de descanso para comer, pasear, lavar la ropa, ducharte (agua fría al menos donde estuvimos), con las sesiones de meditación y de grupo, en algunas de las cuales tienes que mantener la postura, sin abrir los ojos ni mover ni un pelo de la cabeza, durante una hora exacta. Estas sesiones llegan en algunos momentos a resultar intimidatorias.

Todo el mundo busca nuevas maneras de colocar los cojines, reinventar su jersey como colcha improvisada, colocar las piernas en nuevas formas en las que puedas aguantar la posición y el dolor, porque a no ser que tengas una amplia experiencia en meditación o la flexibilidad de un deportista de élite, acabas teniendo que aguantar el dolor, en tu espalda, tus rodillas, tus riñones,…. buscando el abstraerte del mismo al igual que con la respiración e identificarlo como otra sensación pasajera.

Sobre las 19.00h se visiona un video del maestro Goenka, uno de los más afamados y respetados, donde paulatinamente y de manera incluso amena se va desgranando la técnica y el progreso diario.

Maestro Goenka
Maestro Goenka

La verdad es que Goenka podría haber sido un gran comunicador y presentador de cualquier espacio televisivo. Muy inteligente, divertido y cercano, te acaba recordando hasta en sus gestos a Yoda, el inefable pequeño gran maestro jedi de Star Wars. A Goenka es fácil cogerle cariño.

Sobre las 21.00h todo el mundo está ya descansando y durmiendo en sus habitaciones.

La base de la técnica, como he comentado antes, es la relajación y la auto observación.

Los primeros días comienzas con un ejercicio que resulta muy sencillo, sólo tienes que cerrar los ojos, centrar toda tu atención única y exclusivamente sobre tus fosas nasales y tu respiración e identificar todas las sensaciones que percibas en esa zona, sentir cómo el aire entra y sale a través de ellas, el picor, la humedad, hormigueo, cambios de temperatura, el pulso en las venas de las cavidades nasales,…cualquier sensación, la que sea, sólo tienes que fijarte en percibirlas, etiquetarlas, pero no juzgarlas.

Eso es lo más importante, percibir, identificar y no juzgar. Darte cuenta de que son emociones, sensaciones pasajeras, que aparecen y desaparecen, continuamente, y que son parte de tu naturaleza pero no tienen que condicionarte ni te describen.

Paulatinamente y en días posteriores vas ampliando la zona a tu cabeza, tus hombros, pecho, piernas, etc… y pasas de observar punto por punto a realizar una especie de escáner continuo e ir adentrándote en tu propio cuerpo como si fueras pelando capas de cebolla.

En última instancia, todas esas sensaciones pertenecen a dos tipos de emociones que tienes que identificar, apegos y aversiones, y sobre los que te tienes que distanciar.

En el último día oficial, cuando por la tarde se levanta el voto de silencio, la atmósfera cambia de nuevo por completo, cuando tienes la oportunidad de conversar y empezar a conocer realmente a las personas con las que has compartido espacio durante tantas horas, con las que puedes hablar de la experiencia.

Compañeros del curso
Compañeros del curso
Compañeros del curso
Compañeros del curso

Todo el proceso del curso es como montarte en una montaña rusa, plagada de subidas, bajadas, cambios de velocidad, mareos,… o como citaba Haruki Murakami en una de sus novelas, tener la sensación de quedarte dormido, que alguien llegue, te desmonte por completo y vuelva a unirte pieza por pieza rápidamente.

En general para todo el mundo es un choque bastante brusco. Para mí personalmente fue especialmente intenso porque literalmente acabábamos de llegar al país, tras un viaje de 20 horas entre aviones y autobuses y porque había pasado dos meses previos de intensa actividad, grandes cambios personales y profesionales antes de partir.

Pasé por un montón de sensaciones durante el curso, desde mareos y desorientación a brotarme lágrimas espontáneamente durante alguna de las sesiones de meditación.

Pasé por momentos de tranquilidad, de desesperación, por dolor físico intenso, por instantes en los que pareciera que me había despojado de mi propio cuerpo.

Pasé por perder la noción del tiempo y dejarme guiar por el sonido del gong, por perder la sensación de tener hambre y comer aquello que me ofrecieran en el momento que correspondiera.

Pasé por momentos de duda, de luchar con las ganas de marcharme de allí y no terminarlo, por aflorar recuerdos enterrados hacía mucho tiempo o por simplemente disfrutar de detalles como sentir el calor del sol a media tarde o vislumbrar el amanecer en un paisaje espectacular como es la cordillera de los Himalayas.

Begnas Lake
Begnas Lake

Cuando terminas el curso entiendes porqué está estructurado de esa forma, entiendes la razón de su dureza y el estricto orden. Es un proceso necesario para que puedas llegar a sumergirte en ti mismo y poder observarte con distancia.

Y cuando vuelves a la vida cotidiana, esta te golpea con la brutalidad de los sonidos, el movimiento, las conversaciones, y se te vuelve a llenar la mente de ruido y cuesta en cierto sentido habituarse y mantener la disciplina de los días previos.

Para algunas personas, este curso puede llegar a suponer un cambio de paradigma o de vida radical, una catarsis. Incluso vimos un documental sobre cómo se ha empleado con muchísimo éxito y buenos resultados en diferentes cárceles de la India, no sólo para los presos sino también para los propios funcionarios, de cara a mejorar las condiciones de los primeros y la relación y capacidad de los segundos.

Cómo leí en otro artículo sobre la experiencia personal de vipassana, para mí no ha llegado a alcanzar ese punto pero sí que fue muy importante para cerrar varios capítulos de mi vida, en cierto sentido reordenar y oxigenar mi cabeza y darme espacio para comenzar una nueva etapa.

Ha resultado revelador en cuanto a reconocerlo como una técnica muy beneficiosa para integrar en mi vida diaria, una parte más en la que tengo que y quiero invertir tiempo, y que progresivamente traerá más equilibrio y bienestar para mí y para mi alrededor.

Me resultó especialmente revelador también como encajó con la perspectiva que ofrecen libros como “El hombre en busca de sentido” de Victor Frankl o “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen Covey donde se habla del mismo concepto, auto observarse y descubrir la capacidad de distanciarse de las propias sensaciones, detectar el margen entre los estímulos externos y nuestra respuesta a los mismos.

Existen muchísimos centros Vipassana en todo el mundo y los cursos se organizan continuamente. Podéis consultarlos en su página oficial https://www.dhamma.org/es/index

El que hicimos se celebra en una colina a los pies de Begnas Lake, una zona preciosa y muy tranquila cercana a la ciudad de Pokhara, en Nepal.

Dhamma Pokhara
Dhamma Pokhara

Las vistas son impresionantes pero eso sí, las instalaciones del centro no son recomendables para personas que sean muy escrupulosas. Rodeados por árboles con un montón de monos que de vez en cuando se acercaban a las instalaciones, unas camas de madera con una colcha que podría haber sido lavada con suerte el siglo pasado, y unos baños que se podrían resumir como austeros por no definirlos con otra palabra.

Dhamma Pokhara
Dhamma Pokhara

Por lo que me comentaron otros estudiantes que ya habían realizado el curso anteriormente, en Europa, en otros centros como en Madrid, las instalaciones resultan mucho más cómodas para los estudiantes.

En general son gratuitos y funcionan en base a donaciones, dando lo que consideres que quieres entregar al finalizarlo.

Además del curso inicial de 10 días, una vez lo superas puedes repetirlo o apuntarte a otros más cortos, de 3 e incluso de 1 sólo día. Y se recomienda continuar con las meditaciones de manera diaria, dedicando una hora o media al día.

La experiencia desde mi punto de vista diría que es demasiado intensa como para repetirla con asiduidad, quizás una vez al año, pero es una opinión muy personal. Eso sí, animo a todo el mundo al menos a informarse e intentar probarla. No os dejará indiferentes.

PD: Las fotos, salvo las de los compañeros, no son realizadas por mí. Las he buscado por internet.

2 comentarios en “Vipassana o ver las cosas tal como son

    1. Pues personalmente o bien la que se ve en la imagen, la típica del loto con las piernas cruzadas, o la de sentarse a lo japonés, sobre las rodillas, que consultándolo se llama postura del diamante.

      Más o menos esas y de ahí cada persona se hacía su propio estilo.

      Técnicamente no tengo ni idea, no he practicado casi nada de meditación ni yoga anteriormente.

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